Cuando el escape se convierte en una vía de agua
Al pensar en una vía de agua, solemos imaginar un golpe contra una roca, un grifo de fondo roto o una manguera que se ha soltado. El escape del motor quizá no sea lo primero que nos venga a la cabeza.
Sin embargo, fue por ahí por donde entró el agua en una embarcación cuyo hundimiento tuve que investigar. El barco acabó en el fondo del mar y fue necesaria la intervención de buzos para recuperarlo y reflotarlo.
La inspección permitió reconstruir una secuencia en la que la rotura de una pieza cambió la posición de la instalación y abrió una comunicación directa con el mar.

Vista de la sala de máquinas durante la inspección posterior al reflotamiento.
Una corrosión que quedaba oculta
En la sala de máquinas encontramos el codo de escape del motor de estribor completamente roto junto a la salida del turbocompresor. La zona de rotura presentaba una corrosión muy avanzada, compatible con un deterioro desarrollado durante un periodo prolongado.
La pieza estaba recubierta por un aislamiento térmico, o calorifugado. Ese recubrimiento dificultaba ver el estado del metal que había debajo.

Detalle del extremo roto del escape, con pérdida de material y corrosión avanzada.
Este detalle tiene bastante importancia. Podemos mirar una instalación y reconocer sus componentes sin llegar a ver las zonas donde se está produciendo el deterioro. Lo que queda oculto tras un aislamiento sigue envejeciendo, aunque desde fuera no aparezca una señal evidente.
La embarcación había recibido trabajos de mantenimiento meses antes. En la documentación revisada no figuraban actuaciones sobre los codos de escape. Ese dato, por sí solo, no permite atribuir responsabilidades, pero sí recuerda que conviene conocer el alcance concreto de cada mantenimiento.
Cómo se abrió una vía de agua por el escape
Para entender el hundimiento hay que fijarse en qué ocurrió después de romperse el codo.
En condiciones normales, la zona donde se inyectaba el agua de refrigeración en el escape se encontraba ligeramente por encima de la flotación. Desde allí, la conducción descendía hacia la salida de popa.
Al romperse la pieza, el tramo de tubería descendió por su propio peso. La abertura quedó entonces por debajo del nivel del mar.
El escape se había convertido en una vía de entrada de agua hacia la sala de máquinas.

Rotura del codo de escape identificada durante la inspección posterior al reflotamiento.
A esa entrada se sumaba, mientras el motor seguía funcionando, el agua de refrigeración que ya no se evacuaba al exterior y se vertía dentro del barco.
La corrosión explica la rotura de la pieza. El descenso de la tubería explica cómo esa rotura pudo desencadenar la inundación.
El achique no pudo contener la entrada
La embarcación disponía de bombas de achique, pero no pudieron compensar el agua que entraba. Tampoco se identificó una alarma acústica de nivel de sentina que pudiera advertir a la tripulación de su acumulación.
Son dos funciones distintas: las bombas intentan evacuar el agua; la alarma avisa de que hay un problema. Disponer de achique no significa que cualquier entrada de agua vaya a quedar controlada.
En este caso, la inundación terminó provocando el hundimiento total de la embarcación.
Mirar la pieza y también lo que depende de ella
En una investigación pericial, encontrar una pieza rota es una parte del trabajo. Después hay que relacionar su estado, su posición y sus conexiones con lo ocurrido.
Aquí resultó esencial analizar qué sostenía el codo y dónde quedaba la tubería al perder ese apoyo. La posición respecto de la flotación cambió por completo las consecuencias del fallo.
Es también una cuestión útil al revisar una instalación: si esta pieza se rompe, ¿qué ocurre con todo lo que está conectado a ella?
A veces, para comprender por qué se ha hundido un barco, hay que empezar por algo tan concreto como unos centímetros de altura y una corrosión escondida bajo un aislamiento.
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